jueves, 27 de octubre de 2011

Una persona vale por su sonrisa

Irene Villa, que a los 12 años sufrió un atentado de ETA que le dejó sin piernas y sin tres dedos de una mano, estuvo en San Fernando y no quiero destacar su historia, (para eso leerla en La Voz que por algo me pagan) sino cómo a veces una persona te hace considerar la vida. Irene es una de esas magníficas criaturas que cada vez escasean más, como una flor que crece entre ortiguillas. Es sincera y habla claro a pesar de lo que le ha pasado, lo humaniza de tal forma y no guarda rencor. Para mí es casi imposible no estar enfadado con el mundo en su situación. Pero ella ve lo bueno de la vida. Es una gran lección. Ella no mira que le falten dos piernas, mira que sigue viva y eso senos olvida a muchos que solo miramos el vaso medio vacío. Pero, ojo no digo que solo se vea el lado bueno, porque hay que ser realista y ella lo fue al enfrentarse a su situación.
El mundo de hoy en día no está pensado para ser feliz, sino para sobrevivir a base de carencias, siempre soñamos, ansiamos, buscamos lo que no tenemos, pero no cuidamos, mimamos, guardamos y sonreímos a aquellos que tenemos. Irene no piensa en que le faltan dos piernas, piensa en lo que puede hacer porque está viva. Una persona vale por la capacidad de sonreír en ciertos momentos, y que no te confundan aquellos que te dicen qué te hace gracia no te tomas nada en serio, no, que no te confundan. Sonreír no es reírse sin sentido es una actitud y todos deberíamos aprender y enseñar a enfrentarse a la adversidad con una sonrisa. A vivir desde esa perspectiva para apreciar lo que tenemos, no lo que nos falta.
Yo intentaré inculcarlo a partir de ahora, porque no hay mejor educación que el ejemplo. No es necesario razonar (esto le gusta a los políticos y hay tantas razones que es muy fácil engañar) sino mostrar y no hay nada mejor que sea uno mismo el que lo demuestre.